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Conozca más sobre episodio donde jefe de los Swat murió en Santo Domingo Este


Un drama familiar fue el detonante de la tragedia costó la vida de dos personas, entre estas la del jefe de la Unidad Swat de la Policía Nacional en Santo Domingo Este.
En principio se informó de manera extraoficial que, en el sector Los Rosales de Él Tamarindo, un hombre mantenía bajo “secuestro” a varios miembros de su familia.
Las víctimas fatales del incidente sangriento fueron identificadas como el teniente de la Policía Nacional Juan Mercedes Vásquez, y el comerciante Cristian Eugenio Medina Méndez.
Los dos murieron en forma violenta en circunstancias que aún son investigadas por la Policía, aunque en principio se ha informado de que Mercedes Vásquez murió a manos de Medina Méndez, y este durante “la intervención” de la fuerza policial en su propia vivienda, escenario del incidente, pero eso es solo una información preliminar, según ha informado el portavoz de la PN coronel Frank Félix Duran.
Aunque se ha informado de que Cristian Eugenio Medina Méndez “secuestró” a varios miembros de su familia y que la Policía logró “liberar” a estos de las manos del “secuestrador”, la versión de los “secuestrados” parece diferir de manera sustancial de la que se ha conocido.
Cuando el incidente estaba en desarrollo y se había confirmado la versión de la muerte del oficial, presuntamente a manos del “secuestrador”, una sobrina y una hermana de este narraron que su pariente padecía de un severo estado depresivo por lo que la familia consideraba llevarlo ante un siquiatra para ser evaluado.
Admitieron ante las cámaras que Medina Méndez había protagonizado varios episodios de violencia doméstica desde que sus finanzas se desplomaron y su negocio se fue a la ruina (no explicaron el tipo de negocios que él hacía).
Como elemento agravante de la salud del “secuestrador” mencionaron que la pareja sentimental de este lo había abandonado y marchado a Europa.
Todo esto, agregan, se complicó con la frecuente ingesta de bebidas alcohólicas lo que formó un cóctel explosivo con la posesión de Medina Méndez de un arma de fuego en su condición de comerciante.
Los presuntos secuestrados, a pesar del drama que vivían con su pariente, trataban de evitar que este tuviera un desenlace fatal y argumentaron frente a las cámaras de manera reiterada la “gravedad” de su estado “depresivo”.
Así las cosas, desde el punto de vista de las víctimas, se trató de un episodio de violencia intrafamiliar derivada de un estado “depresivo”, no de un secuestro.
Narran una hermana y una sobrina menor de edad que Medina Méndez tenía varios días ingiriendo bebidas alcohólicas y lamentando la situación emocional y financiera que le afectaba.
La noche del sábado, por motivos que no fueron explicados, la sobrina que narró los episodios de violencia de su tío, explicó que este le requirió de manera reiterada y airada que se marchara de la vivienda.
Ese episodio se prolongó hasta las primeras horas después del amanecer de este domingo, cuando “el secuestrador” tenía una pistola en la mano y estaba “borracho”.
En esas circunstancias la sobrina menor de edad se escondió en una habitación desde la cual llamó al servicio de emergencias 911, el cual respondió al llamado de auxilio.
Cuando llegaron los policías, ya los “expulsados” por el “secuestrador” se preparaban para marcharse de la casa de la familia, pero Medina Méndez habría reaccionado airado al ver a la Policía y consideró que había sido “traicionado” por su familia, a una de las cuales puso de rodillas y le colocó el cañón de su pistola en la cabeza.
Aun así, el individuo permitió que los “secuestrados” abandonaran la vivienda, lo que hace dudar de la versión del “secuestro”.
Según ha narrado el portavoz de la PN, coronel Frank Féliz Duran, cuando la primera unidad patrullera llegó al lugar y “rescató” a los secuestrados, optaron por llamar a la unidad élite de la PN, los SWAT, puesto que la situación con un hombre armado desbordaba su capacidad.
Los primeros agentes en llegar fueron los de la Policía Preventiva.
Una vez en el terreno, los miembros del equipo SWAT tomaron posición, pero su comandante se aventuró a ingresar a la vivienda sin tomar en cuenta la peligrosidad del individuo debido a su condición.
Al ingresar, junto a otros agentes, según se ha conocido en el terreno, Medina Méndez disparó y lo mató.
Los policías recogieron el cadáver de su camarada y se lo llevaron a un centro médico y al lugar llegaron abundantes miembros de fuerzas élites que, literalmente, inundaron la vivienda con gases lacrimógenos para obligar al individuo a salir.
Sin embargo, desde dentro de la vivienda nunca se produjo ninguna respuesta ni movimiento, y solo un perro blanco se vio salir de allí.
La policía atrajo al lugar a un hermano del “secuestrador”, y a la madre de este para que lo convencieran de entregarse a las autoridades.
Ni el hermano, ni la madre obtuvieron respuestas por lo que fueron retirados del lugar.
¿Cómo era posible que, a pesar de tantas granadas de gases lacrimógenos disparadas hacia el interior de la vivienda el individuo no diera señales de vida, y, además, no se entregara?
La Policía no sabía si el individuo estaba muerto, vivo, durmiendo o herido.
 Solo sospechaba que estaba dentro, armado y “dispuesto a morir” y que los policías no estaban dispuestos a seguir la suerte de su comandante.
Más de seis horas se prolongó este drama que fue seguido por la población a través de las redes sociales y con una multitud de vecinos viviendo lo que allí sucedía como si se tratara de un “reallity show”, donde la gente reclamaba acción, y los parientes del comerciante temían por la suerte que pudiera correr la vida de este.
Cuando las cámaras de todos los canales de televisión y de los periódicos y medios digitales estaban atentos al posible desenlace, el portavoz de la PN hizo su aparición en escena como si se tratara de una estrella de cine, que atrajo la atención de todos.
Félix Duran, calmado y dispuesto a hablar con los periodistas, llegó hasta donde estaban estos y los alentó a alejarse del campo de visión que permitiera ver lo que sucedía en la vivienda.
Félix Duran dijo con su voz lo que ya todos conocían, pero, mientras lo hacía, las unidades SWAT ingresaron a la vivienda, lejos de las cámaras que estaban atentas a lo que decía el portavoz policial.
Luego, él regresó a la vivienda y minutos más tarde llegó hasta donde los periodistas paren decir que el presunto secuestrador “murió durante la intervención policial”, con lo que dio a entender que se trató de un tiroteo.
Una fuente vinculada a la PN que ingresó al lugar, dijo que vio el cadáver de Medina Méndez arrodillado, con el cuerpo hacia delante y con una herida de bala en la cara en medio de un charco de sangre.
Félix Duran explicó que este lunes serán ampliados los detalles de lo ocurrido en Los Rosales, un tranquilo barrio de clase media a orillas del sector El Tamarino.

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