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Ataque Palma Sola cumple 57 años


El genocidio está definido como “cualquier acto de los perpetrados con la intención de destruir, parcial o totalmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”.
Visto lo anterior, la destrucción del movimiento mesiánico de Palma Sola, ocurrido el 28 de diciembre del 1962, hace 57 años, se trató de un genocidio, con saña, premeditación y odio, con un alto componente político partidario, a todas luces, una retaliación, un desquite perpetrado por quienes perdieron las elecciones presidenciales del 20 de ese mismo mes.
Palma Sola era un paraje de la entonces sección Carreras de Yeguas, hoy distrito municipal del mismo nombre; lugar escogido por los hermanos Plinio, León, Romilio y Delanoy Ventura Rodríguez, para instalar un santuario con decenas de cruces donde cientos de creyentes en el “Dios Papá Olivorio,” se daban cita a rezar y cantar ritos en su nombre.
Uno de los más influyentes grupos fácticos, no solo de aquí, sino de una cuarta parte del mundo, la jerarquía católica de la época, jugó un papel de primer orden desde el inicio del movimiento hasta el holocausto, y no obstante el asesinato de cientos de seres humanos indefensos, más de medio siglo después, aun mantiene un silencio sepulcral.
Mientras el número de creyentes en Oliverio Mateo Ledesma aumentaba, cuya único pecado era cantar, rezar y persignarse frente a varias cruces, en este municipio todas las tardes se realizaban “procesiones religiosas” disfrazadas de peregrinaciones para alabar, loar a Dios, encabezadas por Tomes Francisco Reilly, párroco de la parroquia Santa Lucia, y primer obispo de la diócesis de San Juan de la Maguana.
Se recuerda que los líderes católicos del país, principalmente los de la provincia San Juan, emitieron documentos reclamando a las autoridades tomar medidas frente a lo que estaba ocurriendo en Palma Sola porque “la producción agrícola estaba sufriendo serios descensos por la gran cantidad de hombres que abandonaron sus conucos, parcelas para irse a residir a Palma Sola”.
Durante estos 57 años de la matanza cientos de hombres, mujeres, niños y niñas indefensos, cuyo único pecado era creer en que “Olivorio era un profeta enviado por Dios para curar, salvar vidas,” por cuya razón resucitaría algún día, son muchos los folletos, libros y narraciones que se han hecho, pero, hasta donde se sabe, nadie se ha atrevido a hablar de genocidio.
Son muchos los acontecimientos que de tiempo en tiempo ocurren en el mundo que se olvidan en relativamente poco tiempo, en cambio, el mesianismo de Palma Sola continua despertando gran interés de historiadores, sociólogos y de entidades que se dedican al estudio de movimientos de ese tipo.
Con Palma Sola hay que parafrasear aquello de que “por mas vilipendio, odio y rechazo que me tengan, olvidarme no pueden”, porque los casos de injusticia, abusos y crímenes, como fue la matanza de Palma Sola, las presentes y futuras generaciones siempre los recordarán.
Pruebas más que suficientes ha habido con la edición de libros, folletos, reportaje de televisión y radio, obras de teatro y otras manifestaciones relacionadas con lo que han sido los movimientos místico-religioso que se han registrado en el mundo.
Lo ocurrido en horas de la tarde del 28 de diciembre del 1962, en el lugar conocido para la época como Palma Sola, no se trató de una improvisación, de una acción aislada de las fuerzas policiales y militares. 
A algunos de los protagonistas tenían instrucciones precisas de lo que debían hacer cuando estuviesen en el lugar de los hechos.
Tanto fue así, que solo hay que preguntarse ¿Cómo, por qué, para qué, y quién o quienes instruyeron para que primero, mataran al general Miguel Francisco Rodríguez Reyes, que comandaba la tropa y quien inclusive, entró al lugar desarmado a hablar con Plinio, líder e ideólogo del movimiento?
Otra pregunta: 
¿Su asesinato guarda relación con haber sido elegido por el presidente electo, profesor Juan Bosch, para que ocupara la secretaria de las Fuerzas Armadas, tras su juramentación el 27 de febrero del 1963?.

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